jueves, abril 20, 2006

Literatura: Diálogo en el infierno.-

Recibí esta colaboración del buen amigo Horacio Lourido y después de leerla, realmente no puedo dejar de comprar el libro completo...
E.Hyde.-

Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu
Maurice Joly. 1864.

FUENTE: http://www.escolar.net/MT/archives/002728.html

[Maquiavelo, vagando por la desierta playa que es el infierno,
encuentra a Montesquieu. Tras expresarse su admiración mutua, ambos
comienzan a conversar sobre la organización política de los pueblos.
Maquiavelo sostiene que, aunque la Historia avance y las sociedades
evolucionen, la fuerza y la astucia siguen siendo los elementos
fundamentales para gobernar un país. Montesquieu, en cambio, afirma
que la evolución política de las sociedades les impide renunciar a las
libertades que han ido adquiriendo, y desafía a Maquiavelo a
explicarle cómo convertiría un Estado fundado sobre instituciones
representativas y familiarizado con la libertad en un régimen
despótico. Maquiavelo procede entonces a explicar cómo tomaría el
poder y cuáles serían sus primeros pasos, entre ellos el de hacer
aprobar una constitución.]

MAQUIAVELO: Realizo un progreso al que hoy en día aspiran con
vehemencia todos los pueblos de Europa: como Washington en Estados
Unidos, organizo el sufragio universal, y el primer uso que de él hago
es el de someterle mi constitución.

MONTESQUIEU: ¡Qué decís! ¿Se discutirá en asambleas primarias o secundarias?

MAQUIAVELO: ¡Oh!, desprendeos, os lo ruego, de vuestras ideas del
siglo XVIII, ya no son las de estos tiempos.

MONTESQUIEU: Pues bien, ¿de qué manera entonces haréis que se delibere
sobre la aceptación de vuestra constitución?, ¿cómo se discutirán los
artículos orgánicos?

MAQUIAVELO: Es que de ningún modo pretendo que se los discuta; creía
habéroslo dicho.

MONTESQUIEU: No he hecho nada más que seguiros sobre el terreno de los
principios que vos mismo habéis escogido. Me habéis hablado de los
Estados Unidos de América; no sé si sois un nuevo Washington, mas no
cabe duda de que la actual constitución de Estados Unidos fue sometida
a la discusión, la deliberación y el voto de los representantes de la
nación.

MAQUIAVELO: Por amor de Dios, no confundamos las épocas, los lugares y
los pueblos: nos encontramos en Europa; mi constitución es presentada
en bloque y es aceptada en bloque.

MONTESQUIEU: Pero al actuar de esa manera todo el mundo quedará a
ciegas. ¿Cómo, votando en tales condiciones, puede el pueblo saber lo
que hace y hasta qué punto se compromete?

MAQUIAVELO: ¿Y dónde habéis visto que una constitución realmente digna
de ese nombre, en verdad durable, haya sido jamás el resultado de una
deliberación popular? Una constitución debe surgir completamente
armada de la cabeza de un solo hombre, de lo contrario no es más que
una obra condenada a la nada. Sin homogeneidad, sin cohesión entre sus
diferentes partes, sin fuerza práctica, llevará en sí necesariamente
la impronta de todas las debilidades conceptuales que han presidido su
redacción.

Una constitución, una vez más, no puede ser sino la obra de un solo
hombre; jamás las cosas fueron de otra manera, y de ello da testimonio
la historia de todos los fundadores de imperios, el ejemplo de un
Sesostris, un Solón, un Licurgo, un Carlomagno, un Federico II, un
Pedro I.

[...]

MONTESQUIEU: [...] os reserváis el derecho de deshacer lo que habéis
hecho, de quitar lo que habéis dado, de modificar vuestra
constitución, sea para bien o para mal, y hasta de hacerla desaparecer
por completo si lo juzgáis necesario. No prejuzgo nada acerca de
vuestras intenciones ni de los móviles que en ciertas y determinadas
circunstancias pudieran induciros a actuar; os pregunto tan sólo qué
garantía mínima, por frágil que ella fuese, podrían hallar los
ciudadanos en medio de tan inmensa arbitrariedad y, sobre todo, cómo
os imagináis que podrían resignarse a soportarla.

MAQUIAVELO: Advierto en vos, una vez más, la sensibilidad del
filósofo. Tranquilizaos, no introduciré ninguna modificación en las
bases fundamentales de mi constitución sin someterlas a la aprobación
del pueblo por la vía del sufragio universal.

MONTESQUIEU: Mas seríais siempre vos quien juzgaría si la modificación
que proyectáis reviste por sí misma el carácter fundamental que haría
necesario se la sometiera a la sanción del pueblo. Estoy dispuesto a
admitir, sin embargo, que no haréis por medio de un decreto o de un
senado-consulto lo que se debe realizar mediante un plebiscito.

¿Permitiréis la discusión de vuestras enmiendas constitucionales?,
¿las someteréis a deliberación en comicios populares?

MAQUIAVELO: Indudablemente no; si los debates en torno de los
artículos constitucionales se realizaran alguna vez en las asambleas
populares, nada podría impedir que el pueblo, en virtud de su derecho
de avocación, se arrogara la facultad de cuestionarlo todo; al día
siguiente, la revolución estaría en las calles.

MONTESQUIEU: Al menos razonáis con lógica: entonces vuestras enmiendas
constitucionales se presentan en bloque y son aceptadas en bloque.

MAQUIAVELO: No hay otro medio, en efecto.

[A medida que avanza el diálogo y Maquiavelo prosigue con sus
explicaciones, el horrorizado Montesquieu debe reconocer poco a poco
que el florentino está en lo cierto: la astucia sin escrúpulos del
Príncipe y la apatía política del pueblo pueden aliarse para corromper
una democracia liberal y convertirla en una tiranía encubierta sin
apenas
dificultad.]


Joly, Maurice. "Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu".
2002, Barcelona, El Aleph Editores. Prólogo de Fernando Savater.
Traducción de Matilde Horne. Pp. 172-174 y 192-194.
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